CUANDO EL SILENCIO NO ES SALUD
Mientras no confesé mi pecado, mi cuerpo iba decayendo por mi gemir de todo el día, pues de día y de noche tu mano pesaba sobre mí. Como flor marchita por el calor del verano, así me sentía decaer. Salmos 32:3-5. DHH.
Hay gente que habla por de más. Para otros, es lo opuesto: ¿cuántas veces deberíamos hablar pero por equis motivo, nos callamos? Decir cosas a la ligera puede causar problemas pero guardarnos lo que deberíamos expresar también, sobre todo, nos perjudica a nosotros mismos. No es recomendable no exteriorizar dudas, culpas, enojos, preocupaciones, tristezas y hasta emociones placenteras como la alegría. Tarde o temprano podríamos llegar a pagar un alto precio por callar, inclusive con enfermedades. En cambio, dar a conocer lo que nos pasa es saludable. Cierto es que a veces resulta difícil, pero que vale la pena intentarlo, no caben dudas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario