REGALOS Y CASTIGOS
Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. 1 Juan 1:9.
¿Qué sucede si los padres le dan a su hijo una indicación y éste no la cumple? Puede ocurrir que el muchacho diga: “No les hice caso y sé qué estuve mal, perdónenme por favor”. Entonces, ¿qué buen padre no perdonará a su hijo? Dios también actúa así, aunque con una diferencia: como su justicia es perfecta, no puede permitir que alguien –aunque lo ame- no sea castigado al desobedecer. Y desobedientes, en mayor o menor medida, somos todos. La solución para poder perdonarnos, la encontró Dios en el castigo que en el madero sufrió Yeshúa (Jesús), el único que jamás pecó. Con su muerte, pagó el castigo que merecíamos nosotros, y nos hizo libres de pecado. ¿A todos? Bueno, esa libertad es un regalo que por gracia el Señor da a todos los que deseen recibirla. Los que no están interesados, no son obligados a aceptar el regalo. Eso sí, tampoco podrán eludir el castigo.
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