OBEDIENCIA Y BENDICIÓN
Recita siempre el libro de la Ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. Josué 1:8.
“Mamá, ¿me comprás algo en la juguetería?”. “Primero hacé caso, luego veremos”. En esta situación imaginaria, Anita se portaba mal, pero para pedir estaba siempre lista. En nuestra relación con Dios, ocurre algo similar: a veces la gente le pide cosas, pero no tiene en cuenta que él nos ha dado instrucciones que son para cumplir, así como nuestros padres cuando somos niños. Los buenos padres no complacerán los gustos de un hijo cuando este se encuentra en estado de rebeldía. Y el Señor es el padre perfecto, que obra del mismo modo, pero mejor. No nos enojemos con él si lo que le reclamamos no se concreta. La Palabra enfatiza que la obediencia trae bendición. Por eso, primero, revisemos si no estaremos siendo desobedientes ante nuestro Creador, y recién después, pensemos en pedir.


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