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LO QUE HAY QUE SABER
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julio 16, 2017
“ESTOY ENTUSIASMADO CON EL PROYECTO DE QUE UGAB VUELVA A LA AFA"
Es el símbolo de UGAB en el futsal. En su mejor época Carlos Kapelian fue un arquero brillante. Una vez que colgó los guantes, se convirtió en técnico de un equipo que obtuvo el ascenso a Primera. Más adelante coordinó la actividad, hasta que hace algunos años se alejó de la entidad armenia. Pero en 2016 se produjo su retorno y pese a que en la actualidad UGAB no está en AFA, se lo nota con el entusiasmo de las grandes jornadas:
“Después de la desafiliación de hace dos años, estamos reestructurando todo con intenciones de ingresar a nuevamente a AFA, pero ya más armados en inferiores”, cuenta.
-¿Dónde está compitiendo?
-En LAFA. De primera a quinta tenemos un cuerpo técnico de chicos jóvenes que trabajan muy bien. Antes estuvieron en Bristol... Hace un par de semanas terminó el torneo de Primera, y llegamos hasta semifinales de playoffs haciendo una gran campaña. Nuestro nivel es bastante bueno.
-Este año se habló de que podrían volver a AFA. ¿Por qué no lo hicieron?
-El problema es, básicamente, el de las inferiores. Debemos tener una buena estructura para entrar a AFA porque ahí hay un límite de ausencias y a nosotros siempre nos costó con sexta, séptima y octava.
-¿Por qué les resulta tan complicado?
-Acá no es como en otros clubes, que a los cinco o seis años ya están pateando una pelota. Acá cuesta un poco más. Pero estamos trabajando en eso. Queremos hacer una buena base para poder anotarnos en AFA y no irnos más.
-¿Es obligatorio pertenecer al colegio o a la colectividad armenia?
-No... Tenemos un cupo para algunos chicos que quieren competir, sin ser necesariamente del colegio. Para eso hay una cuota social. Los jugadores de las tres categorías más chicas son mayoritariamente de la colectividad, con algunas excepciones. Y de primera a quinta hay un mix, aunque el propósito es que en cualquier campeonato en el que participemos, representemos a UGAB.
-¿Cuál es tu función?
-Hago un poco de todo. Acá me bancan demasiado. La cabeza de toda la parte deportiva es Miguel Agaya. Yo estoy para charlar con los entrenadores, para atender sus necesidades. Tratamos de que no les falta nada, ni a los jugadores ni a los técnicos, que trabajan muy bien. Antes de jugar con Atlanta las semis de los playoffs, les hicimos una concentración en el club, incluso comieron acá.
-¿Cuánto estuviste alejado del club?
-Seis años. Viví tres años en Córdoba y cuando volví, por temas laborales, no me acerqué por otros tres años. No sé si me achanqué o si precisaba estar un tiempo afuera para volver con más ganas. Hasta que el año pasado volví y ahora estoy otra vez muy entusiasmado, sobre todo con este proyecto que apunta a retornar a AFA. Nosotros fuimos uno de los pioneros en relación a clubes invitados, junto con Unión de Olivos, Franja de Oro, Hebraica... Arrancamos en el 98 y con excepción de los últimos dos años, estuvimos siempre. Recuerdo que en aquel primer torneo de la B, otro de los inscriptos fue el San Lorenzo de Oscar Trama.
-¿Cómo te fue en Córdoba?
-El tema laboral anduvo más a menos. Primero bien y después no tanto... Puse un negocio con un amigo y luego surgieron algunos problemas. Hasta que pegué la vuelta.
-¿Qué sentís si escuchás “vení, vení/Cantá conmigo/ que un amigo vas a encontrar/ que de la mano del Gordo Carlos/ todos la vuelta vamos a dar...”?
-Así me cantaban cuando subimos a Primera, en 2001. Pansar que ya pasaron 16 años... Se armó algo muy lindo, con un grupo extraordinario. El primer año peleamos los playoffs y el segundo, ascendimos con una campaña extraordinaria. Pinocho, en ese torneo, salió campéon de la B y a partir de ahí se gestó el Pinocho que fue y que sigue siendo. Y nosotros fuimos los subcampeones.
agosto 30, 2015
LOS DESAPARECIDOS DEL FUTSAL
Hoy: Carlos Kapelian
Ahí lo vemos, sonriente, a sus anchas, en una tribuna de futsal, y deglutiéndose una hamburguesa. ¿Qué más podía pedir? Carlos Kapelian era feliz así. O al menos, obtenía de esta manera ese ratito de felicidad que le deparaba su gran pasión: la que sentía por nuestro deporte. En UGAB, institución de la que era un auténtico símbolo, había construido prácticamente toda su trayectoria –con excepción de breves paréntesis en Armenio, Hebraica y Def. Cervantes-.
Primero fue un extraordinario arquero –cuando los kilos aún no habían invadido su humanidad- y luego técnico, siendo el entrenador que llevó a su club a Primera en 2001. Pero ante todo, fue el máximo impulsor, el alma máter del futsal en UGAB. Más allá de técnico o arquero, era el dirigente que luchó a brazo partido por su club amado.
Pero un día se marchó y nunca más volvió, al margen de alguna visita ocasional como un simple hincha. Sucedió hace casi diez años, cuando emprendió la retirada, acuciado por problemas de índole personal. Anduvo un tiempo por Córdoba, intentando reubicarse en una sociedad que a menudo les da vuelta la cara a soñadores y bohemios como él. De regreso a Buenos Aires, muchos especulaban con su retorno a la institución que prácticamente lo vio nacer. Pero vaya a saber qué cuestiones lo privaron de reinsertarse en UGAB.
En cambio, varios eran los que aseguraban haberlo visto en la esquina de Acoyte y Rivadavia, vendiendo telas en la vereda. No se trataba de una ilusión óptica: era así nomás. En épocas que ahora parecen muy lejanas, Carlitos gozaba de una prosperidad económica que hoy sólo es un recuerdo. Entonces, debe luchar para sobrevivir, al igual que tantos miles y miles de compatriotas. Jamás lo oímos lamentarse en voz alta de su situación. Probablemente, ahora tampoco lo haga. El Gordo tenía defectos, como todos los tenemos, pero la ingratitud, no ha sido uno de ellos. Al contrario, su forma de ser cristalina, hasta algo ingenua inclusive, y el desinterés a flor de piel, eso de dar sin pedir nada a cambio, le permitieron cosechar no pocas amistades en su paso por el futsal.
Esos amigos todavía lo extrañan, y siguen esperando que llegue el día de su definitivo regreso.
Ahí lo vemos, sonriente, a sus anchas, en una tribuna de futsal, y deglutiéndose una hamburguesa. ¿Qué más podía pedir? Carlos Kapelian era feliz así. O al menos, obtenía de esta manera ese ratito de felicidad que le deparaba su gran pasión: la que sentía por nuestro deporte. En UGAB, institución de la que era un auténtico símbolo, había construido prácticamente toda su trayectoria –con excepción de breves paréntesis en Armenio, Hebraica y Def. Cervantes-.
Primero fue un extraordinario arquero –cuando los kilos aún no habían invadido su humanidad- y luego técnico, siendo el entrenador que llevó a su club a Primera en 2001. Pero ante todo, fue el máximo impulsor, el alma máter del futsal en UGAB. Más allá de técnico o arquero, era el dirigente que luchó a brazo partido por su club amado.
Pero un día se marchó y nunca más volvió, al margen de alguna visita ocasional como un simple hincha. Sucedió hace casi diez años, cuando emprendió la retirada, acuciado por problemas de índole personal. Anduvo un tiempo por Córdoba, intentando reubicarse en una sociedad que a menudo les da vuelta la cara a soñadores y bohemios como él. De regreso a Buenos Aires, muchos especulaban con su retorno a la institución que prácticamente lo vio nacer. Pero vaya a saber qué cuestiones lo privaron de reinsertarse en UGAB.
En cambio, varios eran los que aseguraban haberlo visto en la esquina de Acoyte y Rivadavia, vendiendo telas en la vereda. No se trataba de una ilusión óptica: era así nomás. En épocas que ahora parecen muy lejanas, Carlitos gozaba de una prosperidad económica que hoy sólo es un recuerdo. Entonces, debe luchar para sobrevivir, al igual que tantos miles y miles de compatriotas. Jamás lo oímos lamentarse en voz alta de su situación. Probablemente, ahora tampoco lo haga. El Gordo tenía defectos, como todos los tenemos, pero la ingratitud, no ha sido uno de ellos. Al contrario, su forma de ser cristalina, hasta algo ingenua inclusive, y el desinterés a flor de piel, eso de dar sin pedir nada a cambio, le permitieron cosechar no pocas amistades en su paso por el futsal.
Esos amigos todavía lo extrañan, y siguen esperando que llegue el día de su definitivo regreso.
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