febrero 02, 2017

CHAU OSVALDO, GRACIAS POR TODO...




Lo conocimos el mismo día que salió la revista por primera vez: hace casi 19 años. Fue en el segundo piso de la AFA. Él también era debutante en el futsal, pues Social Parque, el club al que representaba, se había inscripto en aquel 1998, entre tantos otros equipos que le dieron origen a la Segunda División.
Muy pronto encontramos en Osvaldo a un querido compañero de ruta. Más allá de que él era dirigente y nosotros periodistas, la excelente relación fluyó con naturalidad. En cada oportunidad que nos tocó cubrir a Parque, el saludo afectuoso, el beso y el abrazo, estaban presente desde el primer momento hasta la despedida.
Fue también en aquel 1998 que se nos ocurrió “manguearle” una camiseta de su club. La rapidez con la que cumplió con el pedido fue sorprendente: la próxima vez que lo vimos,  hasta un pantaloncito nos obsequió.
Los años fueron transcurriendo y al igual que con su esposa Mirtha, la relación siguió siendo inmejorable. Su hijo Emiliano ya había dejado Parque y tras un breve y fructífero paso por la tercera de San Lorenzo, emigró a Italia, donde jugaría por muchísimos años. Mirtha lo extrañaba horrores y seguramente –aunque lo demostraba menos- Osvaldo también. En 2007 el Tricolor, dirigido por Kike Ocampo y Juan Gorostisaga, logró el retorno a Primera. Esa noche, en el estadio de Hurlingham, les sacamos la foto que ilustra esta nota.
La generosidad de Scocchera quedó una vez más en evidencia cuando lo tanteamos a fines de conseguir un auspicio de Parque para la revista. Aceptó sin pensarlo dos veces y si bien desconocemos quién ponía el dinero, imaginamos que en más de una ocasión, lo hacía él de su propio bolsillo. Como contraprestación, jamás exigió (ni siquiera lo sugirió) nada. Nunca un "háganle una nota a este técnico o fíjense si pueden hacerle un reportaje a este otro jugador". 
A fines de la década pasada, fue artífice de un hito: tras arribar a un acuerdo con el emblemático dirigente de la Comisión de Futsal José Lopilto, se convirtió en impulsor de la primera liga de Promocionales que tuvo el futsal.
Al poco tiempo, la familia halló más motivos para estar feliz, con el retorno de su hijo Emiliano a las canchas de la Argentina. Luego, Memo colgó los botines y se calzó el buzo de técnico, lo que ya constituía su gran pasión. Y a fines de 2016, experimentó su mayor alegría como entrenador, consagrándose campeón con Newbery y ascendiendo a Primera División.
Osvaldo ya estaba gravemente enfermo, pero orgullosamente se dio el gusto de gozar desde el mismo campo de juego la conquista llevada a cabo por Emiliano y su grupo de muchachos.
Dos meses más tarde, se produjo el desenlace. Después de batallar duramente, su vida en esta Tierra se apagó. Desde este medio adherimos al dolor de su familia y sus amigos, a quienes les hacemos llegar nuestro sentido pésame.
Este jueves, sus restos serán velados de 10 a 12 hs. en Tres Arroyos 1510, CABA.
  

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