Y comenzó un nuevo año... La gente comió, tomó, brindó, se deseó
felicidades y que lo que viene sea mejor que lo que se fue… En las horas
posteriores quedará otra vez en evidencia que hay cosas que no cambian. Accidentes
de tránsito, peleas, asesinatos... Y el alcohol, como gran protagonista. En la
radio y la televisión los periodistas se horrorizan. “Si tomaste no manejes”, advierten.
Pero en la tanda comercial, aparece la publicidad de la bebida alcohólica, y un
grupo de amigos, felices y contentos mientras la consumen. Si la gente bebiera
con moderación, como sugieren las propagandas, quizás no habría dificultades.
Sin embargo, en este tiempo una conducta humana prevalece cada día con mayor
fuerza, y es que si no se llega a la borrachera, es como si tomar no tuviera
sentido.
“Los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”, escribió
hace unos dos mil años el apóstol Pablo en su carta a los Gálatas (5:21).
Muchas personas tal vez se rían cuando escuchan acerca de las Escrituras
bíblicas. Pero el hecho de pasar por la vida como si Dios no existiera, lamentablemente
trae consecuencias. Las está sufriendo el vapuleado mundo que habitamos, y en
lo particular, las sufrirán aquellos que, tarde o temprano, se encuentren ante
la presencia del Señor.
Un sustento bíblico:
¡Ay de los que madrugan para ir tras bebidas
embriagantes, que quedan hasta muy tarde embriagándose con vino! (Isaías 5:11).
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